Internet está lleno de cosas extrañas y maravillosas: perros que se hacen amigos de patitos, niños genios que superan en ingenio a las mentes más brillantes del mundo y trucos de cocina que llevan la cocina tradicional a nuevas cotas. Pero uno de los fenómenos más destacados de la corta historia de Internet ha sido el impacto de los retos virales.
Hoy nos ha entrado un poco de nostalgia y queremos repasar algunos de los pioneros clásicos de los retos virales que ahora descansan en el Salón de la Fama de Internet, así como el impacto que han dejado en la cultura de la red.
En primer lugar, el Ice Bucket Challenge
¿Recuerdas el verano de 2014, cuando cada vez que abrías el móvil te encontrabas a alguien echándose agua helada por la cabeza y animando a sus amigos a hacer lo mismo? El reto pudo parecer extraño para algunos, pero el resultado fue increíble.
Inundó Internet en un abrir y cerrar de ojos, recaudando mucho más que dinero para la causa del tratamiento de la ELA. El giro inesperado era que, si te nominaban, tenías 24 horas para aceptar tu destino helado o, de lo contrario, tenías que donar entre 10 y 100 dólares para la investigación de tratamientos contra la ELA.
No solo se vio a gente corriente nominando a sus amigos locales, sino también a famosos retándose entre sí, y la mayoría de la gente donaba incluso después de darse esa ducha rápida y fría. Los que no querían recibir ese chapuzón helado solían probar la versión adaptada, el «Nice Bucket Challenge», en el que la gente se turnaba para realizar actos de bondad.
Quédate quieto para esto, es el Mannequin Challenge
Mientras todo el mundo busca sus fotos de 2016, nosotros recordamos cuando colegios, equipos deportivos, abuelos y todo el mundo se quedaban inmóviles en poses de maniquí.
Capturado con su característico movimiento de cámara lento, cuanto más compleja era la escena congelada, más elogios recibía. La gente hacía el «planking» en taburetes de bar, creaba escenas de fiesta épicas o inmortalizaba momentos familiares con un toque original.
La quietud visual del reto era una invitación a tomarse un respiro y centrarse en lo que más querías que la gente viera. Este estilo de contenido acabó demostrando ser una herramienta excelente para que los activistas pusieran de relieve temas como la injusticia racial, la salud mental y la falta de vivienda.
¿Te apetece otro? ¿Te acuerdas del reto «Chubby Bunny»?
Este consistía en meterse malvaviscos en la boca y decir «Chubby Bunny» después de cada uno. El reto consistía en ver cuántos malvaviscos te cabían en la boca antes de que, físicamente, ya no pudieras hablar.
Se vieron muchas mejillas hinchadas y risitas ridículas, pero no es oro todo lo que reluce. El reto se convirtió en una advertencia sobre el riesgo de asfixia si se llevaba demasiado lejos, lo que desencadenó debates sobre la seguridad en la cultura de las tendencias de Internet.
No es el único reto cuyo desenlace ha dado un giro desafortunado, pero algunas tendencias en las que el objetivo es siempre ir más allá o superar a los demás pueden empujar a los participantes más jóvenes a probar cosas sin la precaución que aplicaría un adulto.
Los retos van y vienen; hay algunos para mejorar la forma física, como el «75 Hard», que buscan que los participantes se sientan más en sintonía con su desarrollo personal, y demasiados retos de baile y de sincronización labial como para nombrarlos todos. Aunque su vida útil pueda ser efímera, su impacto no solo puede tener repercusiones inmediatas (como recaudar fondos), sino que también puede moldear el futuro de la cultura de los retos para llegar a aún más personas y contribuir a forjar una visión mejor y más compartida del mundo.
¿Volverán alguna vez estos veteranos, o ya son los dinosaurios de nuestra memoria digital colectiva? Al fin y al cabo, internet no espera a nadie...